viernes, 1 de mayo de 2026

LA CONFESIÓN

 

 



LA CONFESIÓN.

Edgardo Rafael Malaspina Guerra.

1

Hice la primera comunión luego de estudiar el catecismo, como todos, y cuando me correspondió ir al confesionario, le dije al cura que tenía dos pecados.

—Confiesa el primero —dijo el párroco.

—Padre, hago experimentos con sapos. Los abro con un bisturí para ver cómo trabajan los órganos. El problema es que todos esos sapos que opero se mueren.

Mi mente infantil quedó muy impresionada con lo de Christiaan Barnard y el primer trasplante de corazón, y por eso decidí rajar sapos para tratar de cambiarles los corazones sin tener la más mínima noción de anatomía. Los dormía con éter, y por eso pensaba que no sufrían.

2

El segundo pecado era que traté de matar un pájaro con una china. Varios amigos salimos al monte de cacería.   Yo era el propio cazador novato porque era la primera vez que intentaba disparar con una china. Los amigos me enseñaron, y yo los escuché con mucha atención. Eso llegué a creer.

Un pájaro, parecido a un tordito, pero un poco más grande, se paró en una rama. Un amigo dijo: es un pingopingo. No lo pelarás. Lo apunté con la maestría del que tiene apenas unos minutos en el oficio, estiré las gomas hasta más no poder y solté la piedra. Caí al suelo gritando de dolor: había colocado mi pulgar derecho en medio de la horqueta. Solo en el confesionario entendí que no debía hablar de  ese pecado porque ya había recibido mi merecido castigo.

3

Mientras pensaba en el sinsentido de hablar de la infausta cacería , el cura dijo:

—¿Y el segundo pecado?

Sin titubear le contesté:

—Hago esos mismos experimentos con ratones...

Era una mentira que agravaba mi situación. Por eso recé cinco “Yo pecador”, y no tres como me lo indicó el padre.

4

Sin embargo, al salir de la iglesia me dije: ¡Que buena idea! Con ratones tal vez las cosas salgan mejores; y me fui hasta la casa de la señora Lucero que, no sé por qué razón, tenía un montón de ratones blancos. Tal vez los criaba para mascotas. Eso se me ocurre ahora.

Compré unos cuantos ratones blancos, los metí en jaulas y empecé los mismos experimentos que realizaba con los anfibios, con los mismos resultados fatales.

 

 

 

 

 

LA CONFESIÓN

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